Desde que comenzó la pandemia palabras como PCR, test de anticuerpos, serología, test de antígenos, pruebas inmunológicas, etc. han pasado a formar parte de nuestro lenguaje cotidiano. Cada día aparecen en los medios de comunicación y en nuestras conversaciones más informales. Hoy vamos a comentar algunas de las técnicas que se utilizan en el diagnóstico de la infección viral, en general, y del estado del sistema inmunitario.

Todo comienza cuando…   

Algunos de los virus que se encuentran en nuestro entorno y con los que convivimos entran en nuestro organismo, nos infectan. Según el virus y en función el estado inmunitario del huésped, podrá causar un cuadro de carácter agudo, con síntomas leves, moderados o más graves, podrá persistir en el organismo como infección crónica e incluso reactivarse cuando bajen las defensas. También, en ciertos casos, podrá favorecer el desarrollo o persistencia de algunas patologías. Los más comunes, como los virus del resfriado, gripe, virus estomacales, etc. suelen interrumpir nuestra actividad induciéndonos síntomas como: dolor muscular, cansancio, tos, diarrea, fiebre… Estos síntomas también se observan en la enfermedad actual por coronavirus.

En caso de sospecha de una infección viral, el profesional médico puede solicitar diversos tipos de analíticas para ver cuál es el virus culpable y/o estudiar la capacidad de respuesta del sistema inmune de la persona afectada.

Pruebas para demostrar la existencia de un virus

  1. Directas. La técnica demuestra la existencia de algún componente viral.

– PCR (reacción en cadena de la polimerasa). Es una prueba fiable y sensible. Actualmente es la de elección para el diagnóstico de la infección por SARS-CoV-2. Consiste en la capacidad de las polimerasas, enzimas con capacidad de amplificar/replicar el ADN, de hacer muchas copias del material genético viral a partir de muestras muy pequeñas hasta obtener una cantidad detectable. Esta técnica dará positivo ante el virus o fragmentos del mismo pero ese virus puede ser o no viable, no infectivo, y por tanto puede no ser contagioso. Algunas PCR pueden ofrecer información también sobre la carga viral (qPCR). Para amplificar material genético ARN, como el caso del virus causante de la COVID, se utiliza otra variante de la PCR llamada RT-PCR, que permite transformar primero el ARN en ADN mediante un proceso llamado “transcripción inversa”, para poder copiarlo después.

– Test de antígenos. Consiste en la detección de proteínas (antígenos) de la superficie del virus. Esta prueba es más rápida y barata que la PCR. Se están utilizando durante la actual pandemia por COVID principalmente por la necesidad de realizar cribados en la población que permitan el diagnóstico y aislamiento de los casos positivos de manera rápida. Presentan alrededor del 95 % de eficacia si se realizan en los primeros días de la infección. Después de un resultado negativo y según la situación en estudio el médico puede determinar la necesidad de realizar una prueba PCR para confirmar el diagnóstico.

Tanto la PCR como los test de antígenos se realizan con muestras de secreciones nasales o faríngeas que se obtienen con un bastoncillo.

  1. Indirectas. En este caso las técnicas van dirigidas a demostrar que hay algún componente inmunitario (normalmente anticuerpos) como respuesta a la presencia de un virus. Para realizar esta técnica se utiliza una muestra de sangre o suero sanguíneo por este motivo se suele llamar serología. Una correcta interpretación de los niveles de los distintos anticuerpos nos da información sobre la evolución de la infección, en qué fase se encuentra, si ya está superada, si estamos ante una reactivación de una infección anterior, etc. Se utiliza con una gran variedad de virus como: el virus de Epstein-Barr, citomegalovirus, virus del herpes simple, virus varicela-zóster, hepatitis, papiloma, coronavirus, etc.

Pruebas para estudiar el estado del sistema inmune

Algunas de ellas son:

  1. Hemograma. De él se puede extraer información general sobre el estado de componentes del sistema inmune como son los leucocitos. Niveles por encima o por debajo del rango adecuado pueden indicar que el sistema inmune está luchando contra algún patógeno o debilitado por alguna circunstancia. Además un análisis de los subtipos de leucocitos (neutrófilos), linfocitos, monocitos, eosinófilos, basófilos pueden orientar de manera más específica sobre la  patología que afecta al estado inmune.
  2. Perfil inflamatorio. Sobre una muestra de sangre se analizan unos parámetros (enzimas hepáticas, ferritina, proteína C reactiva, interlequina 6, etc.) que nos indican el grado de inflamación del paciente y el pronóstico o posibilidad de complicaciones que pueden darse.
  3. Tipaje linfocitario. Con este análisis de puede ver el estado del sistema inmune, concretamente de la inmunidad adaptativa celular, en un momento concreto y por ende estudiar su capacidad para hacer frente a distintos agresores. También si está trabajando de manera equilibrada o se encuentra en situación de hiper o hipoactividad, en cuyo caso el médico podría considerar apoyar o regular el sistema inmunitario para mejorar su capacidad de respuesta.

Una vez se cuenta con la información procedente de estas analíticas se puede poner en marcha una estrategia terapéutica precisa encaminada a apoyar al sistema inmune en su lucha contra el virus. Los profesionales que trabajan con la microinmunoterapia recurren habitualmente a estas analíticas para valorar la situación inmunológica de sus pacientes y poner en marcha estrategias terapéuticas adaptadas a sus necesidades.

Bibliografía

  1. Zheng T. A Rapid Blood Test To Determine the Active Status and Duration of Acute Viral Infection. ACS Infect Dis. 2017 Nov 10;3(11):866-873.
  2. Sokolowska M. Immunology of COVID-19: Mechanisms, clinical outcome, diagnostics, and perspectives-A report of the European Academy of Allergy and Clinical Immunology (EAACI). Allergy. 2020 Oct;75(10):2445-2476.

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