¿Pensabas que te habías curado de la COVID y de repente vuelves a sentirte enfermo…? Cada vez hay más evidencia de que esta infección vírica puede dejar secuelas durante un tiempo. En pacientes graves sabemos que la recuperación total es lenta y en ocasiones necesita del apoyo de profesionales sanitarios, pero también gran cantidad de pacientes considerados leves declaran que hay síntomas que van y vienen espontáneamente y permanecen con ellos durante meses, como la fatiga. Este fenómeno tiene ya nombre propio: long COVID o COVID persistente, en español1.

Entre los numerosos síntomas que se pueden sufrir durante la infección, parece que la fatiga es el que prevalece con mayor frecuencia. Según informa el estudio de Carfi et al.2 un 53% de los pacientes continuaron agotados después de considerarlos curados de la COVID. Este hecho nos trae a la memoria otros virus que han sido propuestos como causa de enfermedades o síndromes cuyo principal síntoma es el cansancio3. 

Por ejemplo, en 1950 se relaciona un brote infeccioso en Londres como causante de encefalitis miálgica benigna o más conocido como síndrome de fatiga crónica. Treinta años más tarde en Estados Unidos, se relaciona un brote de mononucleosis infecciosa por el virus de Epstein-Barr con una enfermedad de síntomas similares. Estudios recientes4 sobre el patrón típico de la fatiga obtienen la infección viral aguda por los virus de EBV, citomegalovirus, herpes, gripe, hepatitis, HIV, etc. como el factor más frecuente en la etapa inicial. 

Pero, cómo el virus podría desencadenar esta enfermedad crónica está aún por conocer en detalle. Por ejemplo, el hecho de que algunos virus como la influenza y el coronavirus se hayan encontrado en tejidos del sistema nervioso aunque no hayan producido síntomas neurológicos hace pensar a algunos autores que existe un componente inflamatorio fundamental en la aparición de dicho agotamiento. Dentro de esta hipótesis las citoquinas responsables de la respuesta antiviral podrían causar una disminución de triptófano en el cerebro y por otra parte, un estado infeccioso y/o inflamatorio favorecería la permeabilidad de la barrera hematoencefálica a citoquinas proinflamatorias.

También se ha propuesto que el virus fuera capaz de dañar el sistema inmune por la sobrecarga de estrés oxidativo que sufren las mitocondrias celulares. Una producción constante de citoquinas durante la tormenta de citoquinas, puede hacer que el sistema inmune se agote y no responda adecuadamente en situaciones de cansancio o estrés. Se han visto también que los pacientes infectados presentan números bajos de células inmunes importantes en el aclaramiento viral, como las células NK, células cuya función también se encuentra disminuida en pacientes con fatiga crónica. Estos datos pueden dar luz a la hora de establecer un tratamiento. Parece ser que el funcionamiento correcto del sistema inmune es clave también en la etapa post infecciosa.

La microinmunoterapia puede ser una opción valiosa dentro de la estrategia terapéutica del médico para el tratamiento de esta enfermedad por su capacidad para restablecer la potencia inmunológica apoyando a nivel de mitocondria y en la gestión del estrés que conlleva esta situación.

BibliografÍa

  1. Kari Tveito. #longcovid. Tidsskritet. Enero 2021. Disponible en: https://tidsskriftet.no/en/2020/10/fra-redaktoren/longcovid
  2. Carfi et al. Persistent Symptoms in Patients After Acute COVID-19. JAMA. 2020;324(6):603-605. doi:10.1001/jama.2020.12603
  3. Rasa S, Nora-Krukle Z, Henning N, Eliassen E, Shikova E, Harrer T, Scheibenbogen C, Murovska M, Prusty BK. (2018) Chronic viral infections in myalgic encepaholmyelitis/chronic fatigue syndrome. Journal of Translational Medicine 16 (268) https://doi.org/10.1186/s12967-018-1644-y
  4. Chu L, Valencia IJ, Garvert DW, Montoya JG. (2019) Onset, patterns and course of Myalgic Encephalomyelitis/Chronic Fatigue Syndrome. Frontiers in Pediatrics. Vol 7 (12) doi: 10.3389fped.2019.00012

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