Sabemos que el estrés ejerce una influencia determinante no solo sobre nuestra mente, sino sobre nuestra salud global y, muy especialmente, sobre el sistema inmunitario. Durante los últimos años, hemos seguido muy de cerca los estudios que analizan la compleja relación entre la tensión nerviosa y nuestro escudo protector.
Existe una rama médica fascinante, la psiconeuroinmunología, que explora precisamente cómo dialogan nuestros pensamientos, el sistema nervioso y nuestras defensas. Gracias a ella, hoy comprendemos los fundamentos fisiológicos de esta interacción y por qué, en muchas ocasiones, nuestras emociones impactan directamente en nuestra salud física.
¿Cómo afecta nuestra salud mental a las defensas? ¿Cuáles son los mecanismos de comunicación entre el cerebro y el sistema inmune? Y lo más importante: ¿qué es bueno para el estrés cuando este amenaza nuestro equilibrio? A continuación, damos respuesta a todo lo que tenemos que saber.
¿Qué es el estrés y por qué se produce?
El estrés se ha convertido en un compañero habitual de nuestra vida cotidiana. Desde la carga laboral hasta los problemas familiares, parece que una vida sin estrés es una utopía.
Científicamente, definimos el estrés como un patrón de reacciones mentales y físicas ante estímulos que alteran nuestro equilibrio, superan nuestras capacidades de afrontamiento y exigen una respuesta adaptativa. Es, en esencia, una discrepancia entre lo que «debemos hacer» y lo que sentimos que «podemos hacer».
¿Qué causa el estrés?
Para entender cómo gestionarlo, primero debemos identificar su origen. Las causas del estrés, conocidas como estresores, no son iguales para todos, pero suelen clasificarse en dos grandes grupos:
- Factores externos:
- Cambios vitales: mudanzas, matrimonio, divorcio o la llegada de un hijo.
- Entorno laboral: exceso de carga de trabajo, presión por plazos o inseguridad laboral.
- Problemas financieros: deudas o gastos imprevistos.
- Entorno físico: ruido excesivo, tráfico o espacios agobiantes.
- Factores internos (autoinducidos):
- Perfeccionismo: establecer estándares inalcanzables para uno mismo.
- Pesimismo: tendencia a ver el lado negativo o esperar lo peor.
- Incapacidad para aceptar la incertidumbre: necesidad de controlarlo todo.
- Diálogo interno negativo: la forma en que nos hablamos a nosotros mismos.
No todo el estrés es malo: eustrés vs. distrés
Sorprendentemente, el estrés no siempre es el enemigo. Debemos distinguir entre dos formas para entender lo que puede beneficiarnos y lo que nos perjudica:
- Eustrés (estrés positivo): es aquel que nos activa. Despierta nuestra energía, refuerza la creatividad y nos motiva para superar retos (como una competición deportiva o un proyecto ilusionante). Suele coincidir con el estrés agudo.
- Distrés (estrés negativo): es el tipo de estrés que nos sobrecarga, nos agota y acaba enfermándonos. Ocurre cuando la tensión se mantiene en el tiempo sin recuperación (estrés crónico).
La conexión entre estrés y sistema inmunitario
La psiconeuroinmunología ha demostrado que el sistema inmunitario no trabaja aislado. Escucha las señales neuroquímicas del cerebro y, a su vez, influye sobre el sistema nervioso.
La clave del impacto reside en la duración del estímulo estresante. Cuanto más estrés y más prolongado en el tiempo sea, mayor será el impacto sobre nuestra inmunidad.
Para verlo más claro, hemos preparado esta tabla comparativa:
| Estrés agudo (puntual) | Estrés crónico (prolongado) | |
| Duración | Breve (minutos u horas). | Larga (semanas, meses o años). |
| Ejemplo | Hablar en público, un susto, un examen. | Desempleo, duelo, cuidado de familiares. |
| Reacción inmune | Estimulación temporal. Aumentan los fagocitos y células NK (natural killer). | Debilitamiento general. Caen las defensas específicas e inespecíficas. |
| Objetivo evolutivo | Preparar el cuerpo para «luchar o huir» y reparar posibles heridas. | Ninguno (es una desregulación nociva). |
| Consecuencia | Generalmente beneficiosa y adaptativa. | Mayor riesgo de infecciones y enfermedades. |
El papel del cortisol: ¿por qué enfermamos más bajo estrés?
En situaciones de estrés crónico, nuestro cerebro ordena mantener niveles elevados de cortisol en sangre de forma permanente. Para entender el impacto de esto, imaginemos que nuestras células inmunitarias son un equipo de seguridad y el cortisol es la señal de alarma que reciben.
Cuando esta alarma suena sin descanso, las células terminan por «acostumbrarse» al exceso de hormona y se vuelven «sordas» a sus instrucciones. A nivel biológico, esta resistencia provoca que los glóbulos blancos secreten menos interleuquina-1-beta, una molécula vital que se encarga de estimular la multiplicación de las defensas y activar las células asesinas naturales (Natural Killer) y los anticuerpos.
Como resultado de esta falta de comunicación y de la reducción de interleuquina-1-beta, la eficacia de nuestro sistema inmunitario cae en picado. Al tener la guardia baja y los efectivos mermados, nuestro organismo no solo es incapaz de frenar la entrada de nuevos virus o bacterias, sino que pierde la fuerza para mantener a raya a los que ya estaban dormidos en el cuerpo (reactivando virus latentes), empeora las alergias y hace que cualquier herida tarde mucho más tiempo en curarse.
¿Qué es bueno para el estrés? Consejos y soluciones
Si nos preguntamos qué es bueno para el estrés y cómo evitar que afecte a nuestra inmunidad, la respuesta reside en un enfoque integral que combine estilo de vida y apoyo terapéutico.
Desde Mi Sistema Inmune siempre recomendamos actuar en varios frentes:
1. Gestión del estilo de vida
La mejor manera de saber qué funciona para cada uno es probar diferentes métodos, pero estos son los más avalados por la ciencia:
- Identificar y renunciar: eliminar estresores innecesarios (horas extra voluntarias, agenda saturada). Si no se puede renunciar, hay que aprender a pedir ayuda o delegar.
- Actividad física: el deporte regular moderado es uno de los mejores ansiolíticos naturales.
- Técnicas mente-cuerpo: el yoga, la meditación, el mindfulness o la relajación muscular progresiva ayudan a reducir los niveles de cortisol.
- Nutrición y descanso: una alimentación antiinflamatoria y un sueño reparador son los cimientos de nuestra salud.
2. Microinmunoterapia: apoyo desde el interior
A veces, los cambios de hábitos no son suficientes si el sistema inmune ya está desregulado. Aquí es donde la microinmunoterapia juega un papel fundamental.
Este enfoque terapéutico utiliza reguladores inmunológicos (como citoquinas o factores de crecimiento) en dosis bajas (low dose) para «hablar el mismo idioma» que nuestro sistema inmunitario. Su objetivo es:
- Regular la respuesta: ayudar al organismo a volver a su equilibrio (homeostasis).
- Controlar desequilibrios: mitigar los efectos que el estrés continuado ha provocado en nuestras defensas.
- Sostener la salud: permitirnos estar sanos por periodos de tiempo más largos (salud duradera), recuperando la capacidad natural del cuerpo para defenderse.
Recuperemos el control de nuestra salud
Somos conscientes de que eliminar por completo el estrés de nuestras vidas es una tarea difícil en el mundo actual. Sin embargo, hemos visto que vivir en un estado de alerta permanente tiene un coste demasiado alto para nuestro sistema inmunitario. Entender los mecanismos biológicos que conectan nuestra mente con nuestras defensas es el primer paso para dejar de ser víctimas de las circunstancias y pasar a ser protagonistas de nuestro bienestar.
No tenemos por qué resignarnos a enfermar más a menudo o a sentirnos agotados. Combinando unos hábitos de vida conscientes con el apoyo terapéutico adecuado, como los tratamientos de microinmunoterapia, podemos devolverle a nuestro organismo las herramientas que necesita para regularse. Cuidar de nuestro equilibrio emocional no es un lujo, es una inversión directa en nuestra salud.
Bibliografía
- Watson M. et al. Influence of psychological response on survival in breast cancer: a population-based cohort study. Lancet. 1999.
- Sommershof A. et al. Substantial reduction of naïve and regulatory T cells following traumatic stress. Brain Behav Immun. 2009.
- Gouin JP and Kiecolt-Glaser JK. The impact of psychological stress on wound healing: methods and mechanisms. Immunol Allergy Clin North Am. 2011.
- Reed RG, Raison CL. Stress and the Immune System. Environmental Influences on the Immune System. Springer. 2016.
- Gerrig RJ and Zimbardo PG. Psychology and Life, 19th Edition. Pearson. 2010.
Preguntas frecuentes sobre el estrés
Sí, existe el término «fiebre psicógena». En situaciones de estrés emocional muy intenso y agudo, el cuerpo puede elevar la temperatura corporal sin que exista una infección vírica o bacteriana, como respuesta del sistema nervioso autónomo.
Depende de la duración del periodo de estrés y de la salud general de la persona. Si el estrés ha sido puntual, la recuperación es rápida (horas o días). Si ha sido crónico, puede requerir semanas o meses de hábitos saludables y, en ocasiones, apoyo con terapias como la microinmunoterapia para restablecer el equilibrio.
A diferencia de los ansiolíticos, la microinmunoterapia no busca sedar, sino regular la respuesta inmunitaria que se ha descompensado por el exceso de cortisol. Su objetivo es ayudar al organismo a recuperar su equilibrio natural (homeostasis) y fortalecer las defensas para evitar las infecciones o recaídas frecuentes asociadas al estrés crónico.
Bibliografía
- Watson M. et al. Influence of psychological response on survival in breast cancer: a population-based cohort study. Lancet. 1999.
- Sommershof A. et al. Substantial reduction of naïve and regulatory T cells following traumatic stress. Brain Behav Immun. 2009.
- Gouin JP and Kiecolt-Glaser JK. The impact of psychological stress on wound healing: methods and mechanisms. Immunol Allergy Clin North Am. 2011.
- Reed RG, Raison CL. Stress and the Immune System. Environmental Influences on the Immune System. Springer. 2016.
- Gerrig RJ and Zimbardo PG. Psychology and Life, 19th Edition. Pearson. 2010.
Post actualizado el 23 de diciembre de 2025.