Visto el interés que generó el artículo de “El País Digital” sobre la relación entre la falta de sueño y posibles efectos negativos sobre el sistema inmune, que compartimos dentro de nuestros perfiles sociales, decidimos dedicar un espacio más amplio sobre este tema dentro de nuestro blog.

Como indica una publicación aparecida en 2005 en la Revista de Neurología sobre las interrelaciones entre el sueño y el estado inmune, “hay pocas dudas de que el sueño y el estado inmune se relacionan profundamente”. Por una parte, el sueño y las oscilaciones circadianas pueden influir en el estado inmune, así como, el estado del sistema inmune también puede tener consecuencias para la calidad del sueño.

Relaciones entre el sueño y el sistema inmune

Todas las especies del planeta presentan cambios cíclicos en sus funciones biológicas. Cuando la duración de estos ciclos es cercana a 24 horas se denominan “ritmos circadianos”.  En el ser humano, el ritmo circadiano se observa principalmente en la alternancia entre sueño y vigilia, pero también se puede observar por ejemplo en parámetros inmunológicos. Estos presentan oscilaciones impuestas por el ritmo de luz/oscuridad. Así, por ejemplo, el número de células T naif circulantes y la producción de citoquinas proinflamatorias como la IL-12 aumentan durante la noche mientras que el número de leucocitos citotoxicos efectores y la producción de citoquinas antiinflamatorias como la IL-10 aumentan durante el día (http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20398008). La privación del sueño puede alterar  este reloj biológico, teniendo graves consecuencias para el sistema inmune. Hay autores que afirman que las alteraciones inmunitarias son consecuencia del estrés provocado por la falta de sueño.

En un estudio llevado a cabo por un equipo de investigadores anglo-holandés y publicado en 2012 en la revista “Sleep” se confirman estos datos. Al comparar la densidad de glóbulos blancos en la sangre recogida antes y después de una noche de insomnio, los científicos encontraron  un aumento importante de granulocitos circulantes, siendo esto un indicio de activación significativa del sistema inmunológico, y reflejando al mismo tiempo la respuesta inmediata que tiene lugar tras la exposición al estrés.  El efecto a largo plazo de la privación del sueño podría contribuir al desarrollo de diferentes enfermedades.

No obstante, el sistema inmune puede ejercer influencia sobre el sueño. En la publicación “Interrelaciones entre el sueño y el estado inmune”(2005) se subraya: “Sí, se ha establecido claramente que IL-1 y TNF son esenciales para la regulación del sueño porque si se bloquea la actividad de estas citocinas por medio de anticuerpos o antagonistas para sus receptores, el sueño se reduce […]”. De la misma manera, citoquinas antiinflamatorias  tales como la IL-4 o la IL-13, que inhiben la producción de las citoquinas prosomnogénicas arriba mencionadas, pueden reducir el sueño.

Resumiendo se puede decir tanto que las alternancias rítmicas entre sueño y vigilia son importantes para el funcionamiento correcto del sistema inmune, como que el equilibrio inmunológico juega un rol importante en la calidad del sueño.

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